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Hemeroteca :: 08/10/2009
Ahora que empiezan los nuevos propósitos, las nuevas iniciativas y los nuevos deseos, querría que me acompañarais un año más en nuestros propósitos para el bienestar de la convivencia vial diaria.
Recientemente asistí en Bruselas a una jornada informativa organizada por el ETSC (Consejo Europeo para la Seguridad en el Transporte), donde se señalaban las diferentes experiencias europeas. Lo primero es felicitarnos ya que España se sitúa entre los países con mayor reducción de víctimas. De hecho, en 2001 España tenía 136 muertos por millón de habitantes, mientras que en 2008 esa cifra se ha reducido hasta 68. En este mismo periodo, hemos reducido en un 44 por 100 el número de muertos en carretera. Sin duda, ése es un buen dato. Ahora Europa apunta más alto y el objetivo es reducir, de cara al 2020, en un 40 por 100 la cifra de fallecidos.
Algunos de los temas hacia donde se van a seguir dirigiendo las actuaciones son la formación y la educación vial, no sólo de los jóvenes, sino de los diferentes usuarios de la vía: viajero, conductor y peatón, insistiendo, principalmente, en los niños.
Siempre me surge una reflexión cuando viajo fuera de España, sobre todo a Alemania, y comparo la diferencia existente entre nuestro sistema de formación y el suyo. Aún no tengo una respuesta. Pero lo que sí observo y contrasto con mis múltiples conversaciones con muchos profesores de formación vial es que hay un denominador común: los alumnos acuden a las autoescuelas con déficit de cultura en Seguridad Vial, unido a los malos hábitos adquiridos de la mera observación de su entorno, hábitos de los que les cuesta desprenderse. Para mí, el paso por la autoescuela es una oportunidad de aprendizaje vial, que dado el sistema actual donde no existe un ciclo de asistencia obligatorio (como existe en Alemania), no se está aprovechando. Lo que me lleva a preguntarme, ¿qué tipo de mensaje estamos dando a los conductores del futuro? Personalmente, considero que lo que define el estudio y la formación que recibirá el alumno está directamente relacionado con el tipo de examen al que se ha de enfrentar. Con relación a esto quisiera exponer algo que ya hemos tratado anteriormente en las páginas de Travesía. Me refiero a la Matriz GDE (Objetivos de la Formación de Conductores), modelo en el que se basa la educación y la formación de los conductores en los países nórdicos, desde el año 2000, y que también están acogiendo otros países de Europa. El objetivo de este modelo es garantizar que los conductores adquieran los conocimientos y habilidades necesarias para conducir de modo preventivo, seguro y eficiente. La matriz (desarrollada extensamente en el número 10 de Travesía) propone dominar ciertas situaciones del tráfico como, por ejemplo, que seamos conscientes de las tendencias arriesgadas y peligrosas personales, qué tipo de presión nos generan los propios compañeros del grupo, el contexto que existe en la conducción… En este sentido, para poder cambiar los resultados de nuestras propias acciones es importante comenzar por transformarnos nosotros mismos. A partir de ahí, el siguiente paso sería el de implantar un sistema de educación que permita al alumno comprender la magnitud de lo que significa la conducción desde un enfoque sistémico. ¿Se puede decir que el sistema actual va en esa dirección?
Diciembre, para mí es un mes de reflexión, un espacio donde me gusta plantearme dónde estoy y qué me está pasando, para poder hacer mi “listita” de deseos para el nuevo año. Me gusta la palabra reflexionar porque remite a la palabra flexible y pienso que éste ha sido un año donde hemos tenido que aprender la plasticidad que tenemos todos los seres humanos para adaptarnos a nuevas situaciones. Hemos transitado por un nuevo contexto que nos ha llevado a transformarnos, sí o sí. Por eso me gustaría compartir con vosotros un tema que hemos venido reflexionando en Etrasa a lo largo de este año y es la Responsabilidad Social Corporativa (RSC) que sentimos como empresa dedicada a la Seguridad Vial. Según el Observatorio de Responsabilidad Social Corporativa ésta es la forma de conducir los negocios de las empresas que se caracteriza por tener en cuenta los impactos que todos los aspectos de sus actividades generan sobre sus clientes, empleados, accionistas, comunidades locales, medioambiente y sobre la sociedad en general. A esta definición cabría añadir que la RSC es un aspecto transversal que afecta a diferentes ámbitos de gestión de la empresa. Las actividades que desarrollemos en el marco de la RSC han de estar vinculadas a la actividad básica de la empresa, tener una vocación de permanencia e implicar un compromiso de la alta dirección. En próximos números incidiremos más sobre este tema que ahora dejo abierto, pero que no podía dejar de mencionar en este momento. Para Etrasa la Educación es el camino más eficaz para una seguridad vial y movilidad sostenible. Por eso, nuestra RSC va encaminada al objetivo de incidir en una mejora de la Educación de los conductores, peatones y viajeros. En virtud de ello pusimos en marcha el Premio 100 ideas para mejorar la Educación Vial, que ya hemos celebrado con éxito con su segunda edición y con mayor participación que en la anterior. Precisamente, siguiendo con nuestro compromiso, queremos dar continuidad a este premio, que es una de las mejores maneras que tenemos de aportar nuestro granito de arena para la mejora de la Seguridad Vial (vital) y la mejora de la convivencia en la movilidad diaria y, sobre todo, apoyar a ese “soldado desconocido” que está día a día involucrado en la enseñanza vial. A lo largo de este año hemos hecho, desde estas mismas páginas, varias referencias a la importancia que tiene para nosotros la educación. Por eso en este número me ha sorprendido gratamente las palabras de Mar Cogollos, directora de Aesleme y gran amiga de esta casa, que al realizar su balance personal del año ha afirmado rotundamente que el camino para reducir heridos y muertos es apostar por la Educación y la Formación Vial. Y cuando decimos Educación Vial, no nos referimos sólo a la que puedan recibir los jóvenes, sino también a la que reciben nuestros mayores. Por otro lado, Luis Montoro destaca la importancia de los valores y los modelos en la Seguridad Vial con una idea que me gustaría exponer también aquí: “Gran parte de la conducta vial de un adulto, lo que va a hacer como conductor, está troquelado y hunde sus raíces en la infancia, la adolescencia y la primera juventud”. Algo que encaja perfectamente con nuestra visión holística de la seguridad vial donde consideramos a la seguridad vial desde un enfoque sistémico donde se integran el factor humano, la vía y el entorno, el vehículo y la norma. Me gustaría cerrar este editorial agradeciendo a todas las personas que han sido compañeros de viaje en este largo e intenso año y han estado implicados en todos nuestros proyectos e iniciativas, especialmente a nuestros clientes. La reflexión que nos surge para el 2010 es dar un paso más en la seguridad vial y ampliar el espacio no sólo de la seguridad si no también hacia la movilidad sostenible y, sobre todo, hacia una movilidad que nos permita ir hacia el bienestar. ¿Qué necesita cada uno de nosotros para una movilidad vital? Si quiere mandar cualquier consulta o sugerencia sobre los temas tratados en el editorial, envíe un e-mail a editorial@etrasa.com > travesia.editorial@etrasa.com
Ahora que empiezan los nuevos propósitos, las nuevas iniciativas y los nuevos deseos, querría que me acompañarais un año más en nuestros propósitos para el bienestar de la convivencia vial diaria.
Recientemente asistí en Bruselas a una jornada informativa organizada por el ETSC (Consejo Europeo para la Seguridad en el Transporte), donde se señalaban las diferentes experiencias europeas. Lo primero es felicitarnos ya que España se sitúa entre los países con mayor reducción de víctimas. De hecho, en 2001 España tenía 136 muertos por millón de habitantes, mientras que en 2008 esa cifra se ha reducido hasta 68. En este mismo periodo, hemos reducido en un 44 por 100 el número de muertos en carretera. Sin duda, ése es un buen dato. Ahora Europa apunta más alto y el objetivo es reducir, de cara al 2020, en un 40 por 100 la cifra de fallecidos.
Algunos de los temas hacia donde se van a seguir dirigiendo las actuaciones son la formación y la educación vial, no sólo de los jóvenes, sino de los diferentes usuarios de la vía: viajero, conductor y peatón, insistiendo, principalmente, en los niños.
Siempre me surge una reflexión cuando viajo fuera de España, sobre todo a Alemania, y comparo la diferencia existente entre nuestro sistema de formación y el suyo. Aún no tengo una respuesta. Pero lo que sí observo y contrasto con mis múltiples conversaciones con muchos profesores de formación vial es que hay un denominador común: los alumnos acuden a las autoescuelas con déficit de cultura en Seguridad Vial, unido a los malos hábitos adquiridos de la mera observación de su entorno, hábitos de los que les cuesta desprenderse. Para mí, el paso por la autoescuela es una oportunidad de aprendizaje vial, que dado el sistema actual donde no existe un ciclo de asistencia obligatorio (como existe en Alemania), no se está aprovechando. Lo que me lleva a preguntarme, ¿qué tipo de mensaje estamos dando a los conductores del futuro? Personalmente, considero que lo que define el estudio y la formación que recibirá el alumno está directamente relacionado con el tipo de examen al que se ha de enfrentar. Con relación a esto quisiera exponer algo que ya hemos tratado anteriormente en las páginas de Travesía. Me refiero a la Matriz GDE (Objetivos de la Formación de Conductores), modelo en el que se basa la educación y la formación de los conductores en los países nórdicos, desde el año 2000, y que también están acogiendo otros países de Europa. El objetivo de este modelo es garantizar que los conductores adquieran los conocimientos y habilidades necesarias para conducir de modo preventivo, seguro y eficiente. La matriz (desarrollada extensamente en el número 10 de Travesía) propone dominar ciertas situaciones del tráfico como, por ejemplo, que seamos conscientes de las tendencias arriesgadas y peligrosas personales, qué tipo de presión nos generan los propios compañeros del grupo, el contexto que existe en la conducción… En este sentido, para poder cambiar los resultados de nuestras propias acciones es importante comenzar por transformarnos nosotros mismos. A partir de ahí, el siguiente paso sería el de implantar un sistema de educación que permita al alumno comprender la magnitud de lo que significa la conducción desde un enfoque sistémico. ¿Se puede decir que el sistema actual va en esa dirección?
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