L as especies que sobreviven no son las especies más fuertes, ni las más inteligentes, sino aquellas que se adaptan mejor a los cambios”, frase atribuida a Charles Darwin. En 2001, la Comisión de la Unión Europea propuso el célebre “Libro Verde: Fomentar un marco europeo para la responsabilidad social de las empresas ” con el propósito de convertir a la economía europea en la más competitiva y dinámica del mundo, capaz de crecer económicamente de manera sostenible, con más y mejores empleos y mayor cohesión social. Para lograrlo, se invitaba a las empresas a invertir en su futuro, llevando a cabo un triple balance económico, social y medioambiental.
En sus inicios, cualquier empresa es concebida como una máquina construida exclusivamente para la obtención de ganancias. Actualmente, el objetivo de obtención de benefi cios, por sí solo, es insufi ciente. Creo, sinceramente, que la empresa debe ser concebida como una organización de objetivos múltiples. La Responsabilidad Social Corporativa (RSC), según defi ne la Comisión Europea es “la integración voluntaria por parte de las empresas de las preocupaciones sociales y medioambientales en sus operaciones comerciales y sus relaciones con los interlocutores”. En este sentido, el mencionado triple eje económico, social y medioambiental es un desafío para toda empresa. Nosotros, desde Etrasa, tenemos la suerte de que nuestro negocio gira en torno a la Seguridad Vial y ésa es, además, nuestra RSC, lo que mueve nuestras actuaciones y es nuestro principal reto.
En este mismo contexto, en el presente número de Travesía nos hemos centrado especialmente en los sistemas de exámenes basados en la Matriz GDE, modelo al que ya me he referido en varias ocasiones desde estas mismas páginas. Y retomamos este tema ya que nuestros vecinos franceses cuentan, desde el pasado mes de abril, con una nueva modalidad de examen, que sigue las directrices que establece la citada Matriz y que propone dominar, entre otras cosas, ciertas situaciones del tráfi co como, por ejemplo, que seamos conscientes de las tendencias arriesgadas y del contexto que existe en la conducción. Un modelo que persigue la reducción de accidentes y la mejora de la convivencia vial. Llegados a este punto, permitidme recordar que en el BOE nº 28, de febrero de 2006, ya se mencionaba que los exámenes para obtener el permiso de conducir se “realizarán por procedimientos informáticos”. Poco después, en 2007, el por entonces Subdirector General de Formación de la DGT, Antoni Riu, anunció no sólo la informatización de los exámenes para 2008 sino también la posterior puesta en marcha del test multirrespuesta. Propuesta que entendemos muy positiva para la mejora de la formación de conductores noveles. Hoy, a junio de 2010, manifi esto mi impaciencia por su implementación. Retomo la idea inicial de que para mejorar y sobrevivir es necesario adaptarse a los cambios. La puesta en marcha del permiso por puntos ya fue un cambio hacia la mejora de la seguridad vial. Así, pues, ante esto me surge esta refl exión, ¿por qué esperar a la reeducación del permiso por puntos y no invertir en educación formación?