Sabemos y conocemos que los accidentes de tráfico no son fruto de casualidades. En el antes, en el durante y en el después de un accidente de tráfico participan diferentes causas que dan forma al producto final.
Un accidente de tráfico es una serie de hechos causales y no casuales, donde los genios del azar no tienen nada que decir. Es con esta visión, en la práctica de acciones coordinadas, multisectoriales y multidisciplinares desde donde debe partir todo plan de prevención que queramos que esté revestido de determinadas cotas de eficacia.
El 2 de enero de este año, el Ministerio del Interior y la DGT advertían que durante 2009 han fallecido en España como consecuencia de accidentes en carretera 1.897 personas, un 13 por 100 menos que en 2008 y que la cifra de muertos se situaba por debajo de la registrada en 1964. La información facilitada por los organismos anteriores arrojaba para el año 2009, 1.690 accidentes mortales en carretera que se han llevado la vida de 1.897 personas y la cifra se acompañaba de comparaciones con años anteriores, destacando un claro descenso.
Debemos recordar que los datos facilitados por la DGT son datos referidos a accidentes en carretera y con el resultado computado a 24 horas, datos que en las cifras definitivas se incrementarán a buen seguro por encima del 25 por 100. Durante el año 2009, teniendo en cuenta el condicionante de la cifra sesgada, han sido 1.897 personas las que perdieron la vida en accidentes de tráfico en carretera, pero para poder conocer los datos reales deberemos esperar, como en años anteriores, a que pase el verano del 2010.
La nota de prensa emitida en enero del año pasado por la DGT advertía que los accidentes en carretera habían acabado con la vida de 2.181 personas. Un análisis posterior de la accidentalidad real, no sesgada a 24 horas, nos aclaraba que durante el año 2008 se producían como consecuencia de los accidentes de tráfico en carretera 2.466 fallecidos y 634 en zona urbana, sumando un total de 3.100 fallecidos. 919 personas más de las reseñadas en la información de enero.
Víctimas mortales en carretera. Motoristas:
Durante el año 2008, en carretera perdían la vida 359 motoristas de un total superior a 6.000 víctimas dentro del colectivo. Pero según los datos a 24 horas los fallecidos se situaban en 307, 52 personas menos de la cifra real.
Sí sabemos, como datos indicadores para análisis inicial, que durante el año 2009 fallecieron en las carreteras 283 motoristas (a 24h). Los meses con mayor tendencia a la accidentalidad mortal han sido mayo, junio y agosto con 39, 37 y 35 motoristas fallecidos mientras que los de menor accidentalidad mortal han sido noviembre, diciembre, enero y abril con un total de 56 motoristas fallecidos.
La climatología ha sido uno de los factores más influyentes en las franjas anuales de accidentalidad. Hay que recordar que el mal tiempo reduce el uso de este tipo de vehículos.
Por otro lado, los datos provisionales en carretera han advertido una grata evolución en el uso del casco. El 11 por 100 de las personas fallecidas en carretera durante el año 2003 ha pasado a un 3 por 100 en el año 2009. De estos 283 motoristas fallecidos, 8 no usaban el casco de protección.
En ocasiones, el conformismo nos lleva a utilizar comparaciones carentes del equilibrio necesario para informar al usuario de una forma objetiva.
Estas comparaciones fáciles, que tienen por objeto demostrar cuánto hemos progresado en los accidentes de tráfico, y más cuando les estamos dando un baño de protagonismo especial a la consolidación de conductas más seguras, como causa efecto del éxito, se puede convertir en trampa de doble filo basada en la facilidad de rebatir determinadas cuestiones y en la facilidad de confundir la objetividad de los informados.
Ante la aparición de factores emergentes implicados en los accidentes de tráfico y sus consecuencias, los tiempos de reacción de los sistemas de prevención se suman por años. Una lentitud del sistema que genera que ante una nueva factorialidad pasen años en ascenso hasta la aplicación de medidas correctoras óptimas (localización, estudio y valoración, preparación, ejecución, revaloración, etc).
En 1964 murieron en España 20.349 niños menores de un año, se consumaron 1.549 suicidios, el sarampión terminó con la vida de 138.387 personas, la gripe con 548.201 personas, la varicela 52.514, la tuberculosis pulmonar se llevaba 7.794 personas y la lepra 27 vidas de 3.402 enfermos.
Con relación a los accidentes con víctimas en 1964 y como últimos ejemplos sabemos que en 629 casos la dirección del vehículo se rompió (1 caso en el 2008) y en 804 casos los frenos de los vehículos eran deficientes (2 casos en el 2008).
Visto todo lo anterior, no se debe tildar de éxito en el año 2009 batir la reducción de la accidentalidad y sus consecuencias de 1964. En aquel entonces la fotografía de España era muy distinta y el marco, bajo ningún concepto comparable. Las cifras de hoy son tremendamente agresivas y cada número es una vida, una persona, su familia y amigos, una catástrofe que no nos puede conformar.
El estado y conservación de las carreteras sigue siendo una de las principales asignaturas pendientes, de esas que “cateamos” todos los años, aunque cierto es que ya hemos superado la barrera del muy deficiente.
Nuestras carreteras, ese niño bastardo de la seguridad vial, aquel que pocos se atreven a reconocer, siguen en pañales y no tienen ni quién se los cambie.
Por otro lado, nos quedan importantes cambios normativos, evolucionar en la no discriminación a los usuarios, especialmente los más desprotegidos, cambios en la formación de conductores, en sus controles médicos. Necesitamos implicación en investigación y desarrollo, cambios en el sistema educativo, en la educación desde la sociedad en sociedad, necesitamos seguir trabajando.
A pesar de todo, las cifras de la accidentalidad en carretera reflejan un descenso importante pero no suficiente, algunas administraciones públicas de este país están haciendo su trabajo, fabricantes, ingenieros, investigadores, asociaciones, fundaciones, universidades, el sistema sanitario y los ciudadanos estamos avanzando poco a poco y de la mano hacia una movilidad sostenible y no debemos olvidar que en esto de la accidentalidad todos somos el problema y la solución.
El discurso de la seguridad vial está en la calle y son los ciudadanos los que empiezan a reconocer que la multidisciplina y el trabajo en común han sido los dioses de la victoria en la batalla 2009, ya hemos comenzado la lucha en la batalla 2010…
Pero debemos preguntarnos ¿para cuándo el final de la guerra?