La seguridad de las flotas y de los vehículos de empresa dista mucho de constituir un tema secundario, como a menudo se cree, por varios motivos. En primer lugar, algo que ya de por sí es evidente, porque la seguridad de cualquier vehículo contribuye de modo general a reducir la probabilidad de que conductores y pasajeros sufran accidentes o lesiones de gravedad. En segundo lugar, porque el número de vehículos nuevos que se matriculan a nombre de flotas o personas jurídicas es mucho mayor de lo que en principio podría pensarse: en algunos países los “vehículos de empresa” ya representan el 50 por 100 de todos los vehículos nuevos matriculados y el 20 por 100 de todos los automóviles en circulación. Además, se trata de vehículos que normalmente son vendidos a los pocos años en el mercado de segunda mano, lo cual puede facilitar la difusión en el parque rodante de determinados equipos de seguridad vehicular. Por último, los vehículos de empresa juegan un papel a menudo infravalorado: se trata de vehículos que actúan como ejemplo público –o corporativo– y lanzan un claro mensaje a la sociedad sobre lo que es esencial y lo que es accesorio. Por todo ello, la seguridad de los vehículos de empresa y, muy en particular, de determinadas flotas merece más atención de la que recibe en la actualidad. Los vehículos de autoescuelas constituyen uno de los ejemplos más evidentes. Lo mismo puede afirmarse de aquellos de las administraciones públicas y, más en concreto, de los departamentos o estamentos directamente implicados en la seguridad del tráfico. A nivel internacional, el caso de estudio más interesante quizás sea el de la Administración Nacional de Carreteras de Suecia. Como corresponde a un país reconocido mundialmente como uno de los más seguros, su administración de tráfico y carreteras (en sueco, Vägverket, www.vv.se) ha prestado en la última década particular atención a la seguridad de los desplazamientos de sus empleados y clientes. Así, como parte de su política general de desplazamientos, la administración sueca ofrece pautas detalladas sobre la seguridad de sus vehículos oficiales y los vehículos alquilados por sus empleados. Por extensión, dichas recomendaciones son sugeridas también para los vehículos particulares de sus empleados: resultaría difícil de explicar que un responsable de dicha administración impusiera ciertos requisitos de seguridad en los vehículos de su organización y exhibiera un ejemplo totalmente contrario en su vida privada. En cuanto a los vehículos de alquiler de corta duración (aquellos que se utilizan durante un plazo no superior a los seis meses), Vägverket impone como primer requisito una puntuación mínima de cinco estrellas en las pruebas de EuroNCAP (puntuación que, si bien es cierto que es la máxima, ya la alcanza la mayoría de los automóviles sometidos a ensayo en los últimos dos o tres años). Estos vehículos deben disponer de sistema de control electrónico de estabilidad; un sistema que en estos momentos se considera casi tan efectivo como el propio cinturón de seguridad. Al menos el asiento del conductor debe disponer de sistema avisa-cinturones, aquel que le advierte cuando no se ha abrochado correctamente dicho sistema básico de protección. También la protección de la columna cervical en caso de alcance trasero es tenida en cuenta por esta administración nórdica y, de hecho, se exige una valoración mínima de “aceptable” en las pruebas correspondientes. No hace falta indicar a estas alturas que todos los asientos deben contar con reposacabezas y cinturones de seguridad de tres puntos. El último requisito de seguridad afecta a los neumáticos, los cuales deben contar con una profundidad de dibujo mínima de al menos 3 milímetros en el caso de neumáticos para el verano y de 4 milímetros en el caso de neumáticos de invierno. Hasta aquí, no puede decirse que la Administración Nacional de Carreteras de Suecia pida nada extraordinario. En donde sí son mayores las exigencias de seguridad es en el caso de sus vehículos oficiales y de los vehículos alquilados durante más de seis meses. Para ellos, y además de todo el equipamiento anterior, se exige que los automóviles dispongan de: extintor de incendios, sistema de control de velocidad de crucero; llaves de alcohol, y sistema de control inteligente de la velocidad. La llave de alcohol impide que el vehículo se ponga en movimiento en caso de que el conductor haya consumido alcohol antes de ponerse al volante. El sistema de control inteligente de la velocidad exigido por la administración sueca de carreteras, por su parte, es del tipo informativo; es decir, aquel que informa al conductor de modo continuo del límite de velocidad local y le advierte de cualquier exceso sobre el mismo. La seguridad no es el único aspecto considerado en su política de compra, alquiler o uso de vehículos por la administración Vägverket, sino que también se imponen requisitos relativos al consumo de combustible y al peso máximo de los vehículos, en ambos casos en función del número de ocupantes que vayan a compartir el viaje. Con la citada limitación de peso se pretende evitar desplazamientos con pesos innecesarios que se traduzcan en consumos excesivos y, sobre todo, totalmente evitables. En general, la administración sueca también tiene en cuenta en su política de desplazamientos aspectos como los combustibles alternativos (biocombustibles, gas natural comprimido, etcétera), las emisiones máximas de partículas en el caso de motores Diesel y, en un futuro cercano, incluso se prevén límites para los niveles máximos de ruido emitido por los vehículos. En la actualidad, puede afirmarse que la seguridad ya no es exclusiva de los vehículos de mayor precio. Hace veinte años, parecía que era necesario adquirir un vehículo de una, o a lo sumo dos, marca “de prestigio” para poder beneficiarse de un cierto nivel de protección. Hoy en día, son precisamente algunos modelos de precio muy asequible los que ofrecen de serie algunos de los equipamientos de seguridad más completos. Por menos de 15.000 euros es posible hoy en día encontrar en España modelos que cuenten con todo el equipamiento de seguridad exigido por la administración sueca de carreteras a los vehículos de alquiler de corta duración. El caso de los vehículos oficiales es distinto, puesto que aquí sí que puede decirse que Suecia va muy por delante nuestro: por un lado, el uso de llaves de alcohol aún es experimental en España y, por otro, los sistemas de control inteligente de la velocidad son en la práctica inexistentes en nuestro país, entre otros motivos por no disponerse de cartografía digital con información sobre límites de velocidad que ofrezca la suficiente precisión o fiabilidad. En resumen: Suecia, de nuevo un modelo a imitar en el caso de las políticas de adquisición, alquiler y uso de vehículos seguros y respetuosos con el medio ambiente.