Diciembre, para mí es un mes de reflexión, un espacio donde me gusta plantearme dónde estoy y qué me está pasando, para poder hacer mi “listita” de deseos para el nuevo año. Me gusta la palabra reflexionar porque remite a la palabra flexible y pienso que éste ha sido un año donde hemos tenido que aprender la plasticidad que tenemos todos los seres humanos para adaptarnos a nuevas situaciones. Hemos transitado por un nuevo contexto que nos ha llevado a transformarnos, sí o sí.
Por eso me gustaría compartir con vosotros un tema que hemos venido reflexionando en Etrasa a lo largo de este año y es la Responsabilidad Social Corporativa (RSC) que sentimos como empresa dedicada a la Seguridad Vial.
Según el Observatorio de Responsabilidad Social Corporativa ésta es la forma de conducir los negocios de las empresas que se caracteriza por tener en cuenta los impactos que todos los aspectos de sus actividades generan sobre sus clientes, empleados, accionistas, comunidades locales, medioambiente y sobre la sociedad en general. A esta definición cabría añadir que la RSC es un aspecto transversal que afecta a diferentes ámbitos de gestión de la empresa. Las actividades que desarrollemos en el marco de la RSC han de estar vinculadas a la actividad básica de la empresa, tener una vocación de permanencia e implicar un compromiso de la alta dirección.
En próximos números incidiremos más sobre este tema que ahora dejo abierto, pero que no podía dejar de mencionar en este momento. Para Etrasa la Educación es el camino más eficaz para una seguridad vial y movilidad sostenible. Por eso, nuestra RSC va encaminada al objetivo de incidir en una mejora de la Educación de los conductores, peatones y viajeros. En virtud de ello pusimos en marcha el Premio 100 ideas para mejorar la Educación Vial, que ya hemos celebrado con éxito con su segunda edición y con mayor participación que en la anterior.
Precisamente, siguiendo con nuestro compromiso, queremos dar continuidad a este premio, que es una de las mejores maneras que tenemos de aportar nuestro granito de arena para la mejora de la Seguridad Vial (vital) y la mejora de la convivencia en la movilidad diaria y, sobre todo, apoyar a ese “soldado desconocido” que está día a día involucrado en la enseñanza vial.
A lo largo de este año hemos hecho, desde estas mismas páginas, varias referencias a la importancia que tiene para nosotros la educación. Por eso en este número me ha sorprendido gratamente las palabras de Mar Cogollos, directora de Aesleme y gran amiga de esta casa, que al realizar su balance personal del año ha afirmado rotundamente que el camino para reducir heridos y muertos es apostar por la Educación y la Formación Vial. Y cuando decimos Educación Vial, no nos referimos sólo a la que puedan recibir los jóvenes, sino también a la que reciben nuestros mayores. Por otro lado, Luis Montoro destaca la importancia de los valores y los modelos en la Seguridad Vial con una idea que me gustaría exponer también aquí: “Gran parte de la conducta vial de un adulto, lo que va a hacer como conductor, está troquelado y hunde sus raíces en la infancia, la adolescencia y la primera juventud”. Algo que encaja perfectamente con nuestra visión holística de la seguridad vial donde consideramos a la seguridad vial desde un enfoque sistémico donde se integran el factor humano, la vía y el entorno, el vehículo y la norma.
Me gustaría cerrar este editorial agradeciendo a todas las personas que han sido compañeros de viaje en este largo e intenso año y han estado implicados en todos nuestros proyectos e iniciativas, especialmente a nuestros clientes.
La reflexión que nos surge para el 2010 es dar un paso más en la seguridad vial y ampliar el espacio no sólo de la seguridad si no también hacia la movilidad sostenible y, sobre todo, hacia una movilidad que nos permita ir hacia el bienestar. ¿Qué necesita cada uno de nosotros para una movilidad vital?
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