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¿Con quién nos encontramos detrás de Instagram?

¿Con quién nos encontramos detrás de Instagram?

La red social cuenta con 400 millones de usuarios en todo el mundo

Concord, Massachusetts (EEUU), un pequeño pueblo de las afueras de Boston, es famoso desde hace tiempo por la Guerra de la Independencia y ahora lo es también porque es la cuna de Kevin Systrom un estudiante de instituto avezado en informática que se enamoraría de la fotografía.

“No era buen fotógrafo, pero me apasionaba el componente químico del proceso. Retratar imágenes era para mí una combinación muy exacta de arte y ciencia: había que estar en el momento correcto, pero también usar los productos químicos correctos. Entonces todavía había que meterse en un cuarto oscuro para revelar los negativos, ¿te acuerdas?”, explica ahora Systrom.

Kevin Systrom tiene 31 años, una empresa que cuenta con 400 millones de clientes en todo el mundo y media docena de ayudantes que afirman cuando escuchan la pregunta retórica: “Pues ahí me encontrabas todo el rato. Cuando todo se encaminó hacia lo digital, me pasaba el día en Photoshop. Así también podía modificar la foto una vez sacada. En realidad, Instagram no es más que eso. Pero automatizado con logaritmos preprogramados”.

Pero todos sabemos que Instagram es más que eso. Es una de las redes sociales más usada en todo el mundo, en septiembre se divulgó que había conseguido 400 millones de usuarios, la cuarta más visitada en todo el mundo.

Además, es una de empresas más rentables de Silicon Valley: de las pocas que se permite ser rentable con la publicidad, que empezó a intercalar entre los contenidos a finales de septiembre. Como marca, es referencia en la década del selfie, y sus filtros y encuadres son utilizados por todo el mundo. Pero lo más innovador es que Systrom ha conseguido que todos juguemos con las imágenes como hacía él en el instituto. Instagram ha convertido la fotografía casera en la jerga del siglo XXI. “Antes, la fotografía se trataba más como una forma de arte, ahora la gente la utiliza para expresar eficazmente lo que les está pasando”, declara.

De cara a nuevas conquistas Kevin Systrom tiene respuesta “El presente. Nuestro objetivo ahora es que Instagram sirva para ver qué está pasando, en tiempo real”. “Vamos a mostrar los hashtags más usados en cada momento: un debate presidencial, un concierto de Taylor Swift, los premios MTV, un partido de futbol…Vamos a recomendar las cuentas que mejor muestren cada acontecimiento. Lo estamos probando en Estados Unidos y está funcionando. Dentro de poco lo veréis en Europa. Ayer Instagram iba sobre tus amigos. Mañana irá sobre el ahora mismo”.

Esta no ha sido siempre su objetivo, pero su estilo de gestión se ha basado en que Instagram le indicara la dirección que debía tomar. En sus inicios, en 2009, esta red social se llamaba Burbn y quería servir para publicar la ubicación de sus usuarios. Systrom estaba trabajando con un compañero de universidad, Mike Krieger, que actualmente es la segunda persona más importante en Instagram. “Él es un poco más joven que yo e iba un par de cursos por detrás, pero un día nos encontramos en una cafetería cuando yo ya estaba buscando un cofundador. Le convencí para que dejar su trabajo y se viniera conmigo”, recuerda. No conseguían desarrollar una tecnología que consiguiera su objetivo, además, con Foursquare ya se podía hacer lo mismo que él quería y disponía de millones de usuarios. Ellos no podían dar un servicio de geolocalización con opción de subir fotos, pero sí que podían hacer una cosa más simple: dar un servicio de subida de fotos con opción de geolocalizarlas.

Cuatro meses antes de presentar al público lo que se iba a llamar Instagram, el 16 de julio de 2010, Kevin Systrom intentó subir una foto y acabó dando un nuevo giro. “Estaba de vacaciones en México y ojalá hubiera sabido que era la primera foto porque me hubiera esmerado más. Era mi perro, el pie de mi novia, que ahora es mi prometida, con una chancla, y ya. Está tomada con el filtro XProII, que era el primero que hicimos y que estaba probando. En esas vacaciones, mi novia me había advertido: “No voy a sacar fotos con tu invento porque no quiero publicar fotos malas. Las de tus amigos salen muy chulas porque tienen los colores más vivos y están modificadas. “Claro, son filtros”. “Pues igual tú deberías poner filtros en tu aplicación”.

Dos años después, Instagram contaba con 100 millones de usuarios en todo el mundo y era la aplicación con el crecimiento más rápido de la historia. Systrom lo celebró abriendo una botella de whisky de cien años. “Éramos 50 empleados y todos pudieron probar aunque fuera un poco. Ahora somos 300, no sé cómo voy a celebrar lo siguiente. Tengo que comprarme unas botellas de vino muy bueno”.

Es difícil imaginar qué será “lo siguiente”. Tras crecer a base de hitos, ahora toca mantenerse, el problema con el que cuentan todas las revoluciones. Y la longevidad es el problema que acecha en Silicon Valley. Una gran aplicación puede estar unos años sin ser rentable (Twitter sigue sin serlo), pero no muchos. Y con anuncios y cobros aparece la intrascendencia. Pero Kevin Systrom cuenta con la facilidad definitiva, el apoyo de Facebook, que adquirió Instagram por mil millones de dólares (unos 944 millones de euros) en 2012. “Trabajar para Facebook es bastante cómodo”, reconoce. “Sólo compartimos mantenimiento, servidores, antivirus y recursos humanos. Tenemos nuestro propio modelo”.

La manera en la que Instagram se agarre al futuro, contando con todo lo necesario para triunfar y para perder, será una gran enseñanza para la industria de la tecnología que todavía no sabe cómo hacerse mayor. Por eso los anuncios. Y por eso también la estrategia de Systrom de no mirarnos a nosotros y mirar alrededor. “Es lo que quieren los usuarios”, “es la mayor ventaja que tenemos”.

Fuente: elpais.com

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