Si en 1990, fecha en la que se fueron publicadas las cifras del año anterior (1989), me hubieran dicho que treinta años después (2018) el número de fallecidos ascendería a 1.180, posiblemente no lo hubiera creído. Una reacción sin duda fruto de la desconfianza, de la propia ignorancia y de la resignación. Afortunadamente en este país se han tomado decisiones, se han realizado inversiones y se ha hecho tomar conciencia a los ciudadanos, por esta razón la cifra de fallecidos de este año que acabamos de dejar es totalmente inaceptable.

Tras unos años de estancamiento en el número absoluto de víctimas de accidentes de tráfico y con una sensible tendencia al alza, no únicamente en España, sino en toda Europa, me pregunto si el descenso de -1,5% de fallecidos y un -7,6 de personas hospitalizadas será el punto de inflexión para retomar la senda del riesgo 0.

Con un parque de vehículos en aumento, un incremento de la movilidad y un censo de conductores prácticamente estabilizado, este descenso puede parecer un buen dato, pero no lo es. Sinceramente creo que nos queda un gran trecho por conquistar y conseguirlo me parece que no ha de depender de un exceso regulatorio sino de la concienciación de las personas, de la inversión en las vías y de los avances tecnológicos.

Si observamos atentamente la radiografía de la accidentalidad de 2018, vemos que la foto no varía respecto a años anteriores: el 80% de los fallecidos son varones y el 74% de las víctimas se produjeron en carreteras convencionales, el único cambio o variación que se está produciendo es una tendencia al alta en el numero de vulnerables que fallecen, alcanzando ya un 35% de las víctimas.

Sin duda ahí tenemos una nueva variable a tener presente para el futuro más mediato, la regulación de los vehículos de movilidad personal (VMP) que, por su pluralidad y versatilidad, están presentes en nuestras vías a falta de una regulación concreta.

En relación a la edad, la más afectada es la de mayores de 65 años, seguida por la franja de 45 a 54 años. Curiosamente las personas que actualmente están entre los 60 y 65 años son los que se encontraban en el segmento de los 30 años cuando se dio el pico de mortalidad mayor en España (1989), siendo aquella la época en la que los jóvenes aportaban el mayor número de víctimas.

Todo esto me lleva a plantearme esta pregunta: ¿es 2018 un punto de inflexión o flor de un día en la reducción de la accidentabilidad?

Si me preguntaran si dentro de 20 o 25 años en nuestro país se habrán erradicado las muertes por accidente de tráfico, diría que sí, que se puede conseguir de forma fehaciente y realista el anhelado riesgo 0. Pero no bastará únicamente con la regulación y la legislación, será necesaria una mayor inversión en el mantenimiento de nuestras vías, los avances técnicos se harán más visibles a los vehículos y las vías, y la renovación del parque móvil jugará también un papel muy importante.

No obstante, si ustedes me preguntan cuál será el hecho diferenciador, sin ninguna duda diré que el factor humano: las personas deben tomar conciencia, respetar las normas, empatizar con el resto de usuarios y son fundamentales para lograr que la movilidad sea segura y que no perdamos la vida en las carreteras.

 

 

Manuel Nogales Romero

Director Desarrollo

Etrasa